16 de abril del 2026

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15 abr. 2026

CHINA BUSCA PRODUCIR MÁS PROTEÍNA ANIMAL USANDO MENOS SOJA

China impulsa cambios en la alimentación de los cerdos para producir más carne utilizando menos soja importada. El país busca reducir su dependencia de este insumo clave mientras enfrenta un escenario de sobreoferta de carne porcina y tensiones comerciales con Estados Unidos.

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China impulsa cambios en la alimentación de los cerdos para producir más carne utilizando menos soja importada. El país busca reducir su dependencia de este insumo clave mientras enfrenta un escenario de sobreoferta de carne porcina y tensiones comerciales con Estados Unidos.

 

 

China, el país que concentra cerca de la mitad de la producción porcina mundial, está impulsando un cambio profundo en la alimentación de sus cerdos. El objetivo es reducir la dependencia de la soja importada, un insumo clave para su sistema productivo y que hoy representa una de las mayores vulnerabilidades de su seguridad alimentaria.

 

Actualmente, alrededor del 80% de la soja que consume China proviene del exterior y se destina principalmente a la producción porcina. Este nivel de dependencia implica compras que superan los 50.000 millones de dólares anuales en el mercado internacional.

 

En ese contexto, el gobierno chino y las principales empresas del sector comenzaron a impulsar nuevas estrategias nutricionales que permitan reducir el uso de soja en las dietas porcinas sin afectar la productividad.

 

 

El cambio ocurre en un escenario complejo para el negocio porcino del país. El alimento representa cerca del 70% del costo de producción, en un mercado con exceso de oferta y una demanda más moderada, situación que llevó al precio del cerdo al nivel más bajo de los últimos 16 años.

 

Frente a este escenario, bajar el costo del alimento se volvió una prioridad para sostener la rentabilidad del sistema productivo.

 

Uno de los caminos que gana terreno es el uso de alimentos fermentados elaborados a partir de subproductos agrícolas locales. En distintas granjas del país ya se utilizan mezclas que incluyen salvado, restos vegetales y residuos de la industria alimentaria que pasan por un proceso de fermentación antes de ser suministrados a los animales.

 

La fermentación permite descomponer previamente las proteínas y mejorar la digestibilidad del alimento, lo que facilita su absorción por parte de los cerdos. De esta manera se puede reducir el nivel de proteína de alta calidad requerido en las dietas y, por lo tanto, disminuir el uso de soja.

 

En términos productivos, el sistema tiene varias ventajas. Además de bajar los costos, permite aprovechar residuos agrícolas locales, reducir desperdicios y diversificar las fuentes de nutrientes dentro de la ración.

 

Sin embargo, el sistema también presenta desafíos. La falta de estandarización en los procesos de fermentación puede generar problemas de estabilidad del alimento, pérdidas por deterioro o incluso variaciones en el crecimiento de los animales si las dietas no están correctamente balanceadas.

 

 

 

También existen advertencias sobre la calidad final de la carne. Algunos especialistas señalan que una reducción excesiva de la soja, reconocida por su alto valor nutricional, podría afectar el desempeño productivo si no se compensa con otros ingredientes o con aminoácidos sintéticos.

 

A pesar de estas limitaciones, la expansión de esta tecnología es clara. Los alimentos fermentados representaban apenas el 3% de los piensos industriales en 2022, pero ya alcanzan alrededor del 8% y las proyecciones indican que podrían llegar al 15% hacia 2030.

 

Si esa tendencia se consolida, China podría reducir sus importaciones de soja en alrededor de un 6,3%, un porcentaje que tendría impacto directo sobre el comercio global del grano.

 

El dato no es menor si se considera que China es, por lejos, el mayor comprador de soja del mundo, y que sus principales proveedores son Estados Unidos y Brasil.

 

El factor geopolítico también pesa en la estrategia del país. Aunque China busca reducir su dependencia de la soja en general, también intenta disminuir su exposición a proveedores externos, especialmente a Estados Unidos, en un contexto de tensiones comerciales recurrentes entre ambas potencias.

 

La transformación ya empezó a escalar dentro del sector productivo. Grandes empresas porcinas están avanzando con dietas que combinan menor uso de soja, aminoácidos sintéticos y nuevas tecnologías nutricionales para mejorar la eficiencia alimenticia.

 

El cambio todavía es gradual, pero el mensaje para el mercado internacional es claro. Mientras el país mantiene su enorme escala productiva, también trabaja para reducir su dependencia de uno de los insumos más estratégicos de la nutrición porcina mundial.

 

 

 

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